Personas que crecen sin amigos cercanos desarrollan estos hábitos, según la psicología


Si de niño no tuviste un círculo de amigos cercano, es probable que hayas desarrollado ciertos hábitos y características que la psicología ha identificado en perfiles con esta experiencia. La amistad, una parte fundamental de la niñez, puede moldear la personalidad de forma definitiva, incluso si no te das cuenta.
No tener amistades en la infancia puede significar pasar mucho tiempo a solas. Esta soledad, aunque pueda haberte hecho sentir aislado o sola en tu niñez, puede haberse convertido en un incentivo para tu independencia y autonomía. Es posible que ahora te sientas cómoda en tu propia compañía, que sepas entretenerte y que hayas desarrollado un rico universo interior.
Según la psicóloga francesa Luisa Meunier, citada en el medio Ouest France, quienes crecen sin amigos cercanos tienen una mejor relación con la soledad que la mayoría de las personas, quienes suelen evitarla de forma casi patológica. Además de sentirse cómodas en su soledad, estas personas suelen ser más observadoras.
Si en la niñez te enfrentaste a situaciones sociales con cierta confusión, aprendiste a conocer a los demás observando desde la distancia. Esta capacidad para observar te ayudó a desarrollar mejores habilidades de escucha y a leer el lenguaje no verbal, lo que te permite entender qué hay detrás de las palabras y gestos de los demás.
Por otro lado, la falta de conexiones profundas en los primeros años de vida puede generar cierta dificultad para confiar en los demás en la adultez.
Al no haber tenido amigos en la infancia con quienes superar el miedo al rechazo, se puede desarrollar una resistencia a abrirse y construir relaciones basadas en la confianza. Sin embargo, este obstáculo puede superarse. Si se toma consciencia de esta dificultad, se puede dar el primer paso para construir vínculos más fuertes y enriquecedores.
Si de niño tuviste un grupo de amigos, es probable que te hayas familiarizado con el concepto de “popularidad”. En cambio, si no fue así, es muy probable que no le hayas dado tanta importancia a este concepto.
La psicóloga francesa Luisa Meunier explica que quienes no tuvieron muchos amigos durante la niñez no sacrifican vínculos profundos por caerle bien a todos. Por el contrario, priorizan la autenticidad y prefieren tener pocos amigos, pero que sean genuinos. Esta preferencia por la calidad sobre la cantidad es clave para construir vínculos más fuertes y sólidos en la edad adulta.
A pesar de los desafíos, crecer sin amigos cercanos puede generar una notable resiliencia. En la infancia, tuviste que aprender a confiar en ti misma, por lo que descubriste desde muy temprano que puedes enfrentar y vencer diferentes dificultades, incluso sin un apoyo inmediato. Esta resiliencia, que pudo haber surgido como un mecanismo de supervivencia, ahora te ayudará a superar los desafíos de la vida adulta.
Además, según Meunier, esta experiencia puede conducir a una empatía más desarrollada. La propia soledad hace que las personas sean más sensibles a las dificultades y emociones de los demás. Esta empatía no solo nos ayuda a construir relaciones más sólidas, sino que también es una emoción indispensable para la vida adulta, tanto profesional como personal.
Fuente: www.clarin.com



